2023-05-08

“Los próximos cuatro o cinco años van a ser extraordinarios para el país”

El ex ministro de Agricultura, Julián Domínguez, planteó un escenario optimista pata el futuro argentino.

Domínguez habló con el medio Infobae y dio argumentaciones sobre las razones que podrían llevar a la Argentina a “dejar atrás el problema de la falta de dólares”.

– ¿Qué opinión tiene sobre el momento que atraviesa la Argentina? Padecemos problemas con el dólar, inflación y demás.

Veo una Argentina absolutamente distinta en los próximos meses a la Argentina actual. Creo que los próximos cuatro o cinco años van a ser extraordinarios para el país. Fundamento mi argumento en que primero vamos a tener una cosecha récord. Todos los cálculos hablan de un efecto Niño o Niño atemperado en las lluvias (NdR: el fenómeno del Niño suele estar asociado a precipitaciones abundantes en América del Sur). La tierra quedó fertilizada porque, por la sequía, las plantas no alcanzaron a consumirse.

Ya hay proyecciones en USDA (el Departamento de Agricultura de EE.UU.) y en los organismos internacionales de una cosecha que superaría los 140 millones de toneladas -yo creo puede incluso superar las 150 millones- y se estima un ingreso de divisas para el próximo año superior a los 62 mil millones de dólares. Hay estimaciones en Argentina que fueron publicadas en los diarios que hablan de 61 mil millones de dólares.

Todo lo que falta ahora va a quedar en el olvido: Argentina va a tener las divisas que el sector agropecuario aporte, y con creces lo va a aportar. No se olvide que este año se proyectaba un ingreso de 48.000 millones de dólares y faltaron 22 mil millones de dólares en esta campaña. Ese faltante explica la crisis que hoy tenemos y la falta de divisas. Esto con las consecuencias que tiene en una Argentina bimonetaria.

– Déjeme hacer un punto ahí. ¿Este desastre que estamos viviendo, estas penurias por la sequía, usted dice que el año que viene no va a existir?

Claro, y hay otros elementos que puedo comentar. Trabajo como abogado en SMATA, el sindicato de mecánicos, y allí hicimos un plan estratégico de la industria automotriz. La industria automotriz, este año, va a estar exportando entre 550 y 600 mil unidades y va a ser nuevamente una exportación récord.

Fíjese lo que pasa con el litio: tanto Canadá, Estados Unidos y Rusia tienen proyectadas inversiones que no me animo a cuantificarlas. El desafío ahora es industrializar el litio. Pero éstas no son cosas de futuro, son cosas del presente. Además, se inicia la exploración off shore en las playas argentinas. Se estima que la reserva que hay es equivalente a la reserva de Vaca Muerta.

A eso hay que sumarle Vaca Muerta y el gasoducto, que va a representar un ingreso que va a hacer desaparecer el déficit de 5 mil millones de dólares que representó el aumento del gas en la Argentina. También hay que sumar lo que está pasando en los sectores tecnológicos de la Argentina. El próximo año va a estar exportando el país por sobre los USD 100.000 millones y creo que el tema de la falta de dólares va a ser un tema que quede definitivamente en el olvido.

Hay una anécdota muy importante que nos pasó cuando fuimos por el tema del agua a Israel. Nos dijeron “el próximo presidente se va a quedar mucho tiempo, porque la Argentina va a tener una explosión en el desarrollo de los recursos naturales”.

La guerra que se produjo en Europa, entre Rusia y Ucrania, fue la guerra de las proteínas. Naturalmente aumentó el precio del gas. El precio de gas en Europa, para tener dimensión de qué estamos hablando, el subsidio del gas en Italia fue de 45 mil millones de dólares, el total del endeudamiento que dejó la administración del presidente Macri en la Argentina. Todo ese escenario desaparece, no solamente porque se va a producir gas, sino porque se va a exportar y van a ingresar divisas.

– Frente a todo este escenario optimista, entre comillas…

Son datos, no son hipótesis. Está pasando en este momento. Lo que sucedió en la Argentina -y lo digo por haber sido ministro de Agricultura en dos oportunidades- desde el mes de noviembre vaticinábamos todas las proyecciones climáticas y la consecuencia de la falta de divisas. Esto podía ser absolutamente previsible porque a la Argentina no le iban a ingresar 22.000 millones de dólares. Sencillamente por eso.

– ¿Hay conciencia de todo esto en la clase política?

Además, hay un estudio con las universidades, hecho y avalado por ocho universidades. Los datos que estoy comentando son datos avalados y perfectamente demostrables. A veces somos muy porteños, demasiado porteños, y miramos la Argentina de la Capital Federal.

Soy de Chacabuco y uno ve lo que está pasando en el sector agropecuario, en materia de biotecnología, que va a cambiar definitivamente la producción y la respuesta si hacemos las cosas bien en materia de biotecnología. Uno ve lo que pasa en las provincias que tienen litio, que es la cuarta reserva del mundo, la segunda en calidad. Si uno ve lo que está pasando en el norte argentino, las inversiones que se están realizando en la industria del conocimiento. Esto va a quedar en el recuerdo

– ¿Y por qué no son conscientes del todo en la dirigente política?

Cristina particularmente las veces que habla se refiere a estas cosas. Lo que pasa es que interesan poco e interesan más las cosas de todos los días. Creo que la velocidad de lo cotidiano nos quita capacidad de perspectiva. La velocidad de lo cotidiano nos quita capacidad de análisis en secuencia histórica, pero Argentina va a vivir un ciclo donde estos meses van a quedar en la memoria.

– ¿Los inversores extranjeros, los organismos internacionales, el mismo Brasil que fue ahora el Gobierno a pedir plata lo ven?

Lo ve todo el mundo. Lo que está en discusión es quién maneja el proceso de industrialización, porque Argentina está produciendo lo que el mundo necesita. El mundo necesita alimentos, que es lo que Argentina tiene. Pretende el mundo que Argentina le exporte la producción primaria, porque el negocio está en la industrialización y en la generación de valor agregado y esto es lo que la dirigencia tiene que asumir. La dirigencia política, la dirigencia económica, la dirigencia intelectual, las universidades, los organismos técnicos-científicos.

– Los sindicatos también.

También los sindicatos. El principal desafío es industrializar. Y sobre eso, creo que los sindicatos tienen plena conciencia. Me parece que el principal desafío es cómo se industrializa y se genera valor agregado, cómo le vendemos alimentos, no para los animales, sino alimento para las personas. Argentina tiene el INTA, tiene el CONICET, hay proyectos proyectos de biotecnología.

Cómo industrializamos el litio, cómo generamos cadena de valor. Si no llegamos a la batería en la primera etapa, cómo hacemos todo lo previo, cómo desarrollamos maquinaria para la industria minera. Es necesario abrir la perspectiva. Hay una cosa muy interesante que dice Francisco: hay que tener una mirada universal aplicada a lo local. Uno puede entender a la Argentina si entiende la posición que la Argentina ocupa en la demanda que el mundo tiene.

Creo que tenemos una oportunidad definitivamente que es histórica. Se dan dos cosas que no teníamos hace un tiempo: primero industria del conocimiento, que uno de los principales desafío de la Ley de Software sería repensar cómo dejamos de formar conocimiento y empezamos a vender horas de trabajo al exterior para que eso se pueda aplicar en la industrialización y en la incorporación tecnológica en la Argentina.

Cuento una anécdota que me pasó siendo ministro que habla de cómo operan los prejuicios conservadores que todos tenemos, porque ser conservador no es un problema de la derecha o de la izquierda, ser conservadores es un temor al futuro y el futuro es vertiginoso. En el 2010 se inició un proceso que se llamó el estudio del HB4, el trigo resistente a la sequía. Aprobado el HB4 hubo una resistencia de los acopiadores argentinos, porque decían que eso iba a tirar abajo el precio del trigo argentino.

Cuando asumo el Ministerio, la decisión que tomo es aprobar ese evento tecnológico porque la soberanía tecnológica y que después el sector privado corra el riesgo y que compita en el mundo. Conclusión: lo aprobó Argentina, lo aprobó Brasil, lo aprobó Estados Unidos, lo aprobaron los países consumidores de trigo.

Tardamos 10 años por estar atados a una posición en la que el futuro nos daba miedo. Hay que atreverse a interpretar las señales del futuro y a dar la respuesta. Con aciertos y errores. En Israel nos decían que de las empresas tecnológicas, de siete intentos queda uno. Pero en cada intento hay esfuerzo y eso es lo que hay que recuperar, hay que volver a pensar la industrialización del litio, del sector agropecuario, de la producción y no tenerle miedo al desafío que nos presenta el futuro.

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