Julio Pistoleso, más de 50 años dedicados al taller mecánico
En el marco del Día Nacional del Mecánico, la historia de Julio Pistoleso se destaca como ejemplo de vocación, esfuerzo y pasión por el oficio. Con más de cinco décadas de trayectoria, su vida estuvo siempre ligada a los motores y las herramientas.
Julio comenzó a trabajar alrededor de 1968, cuando tenía apenas 16 años. Sin embargo, asegura que su vínculo con el taller empezó mucho antes: “Estuve toda la vida metido en el taller, desde los 12 años”, recuerda. En aquellos primeros años se dedicaban principalmente a la reparación de autos DKW, una marca muy presente en esa época. Con el paso del tiempo, y ya entrada la década del 80, debieron adaptarse a otras marcas, ya que esos vehículos comenzaron a quedar fuera de circulación.
El oficio lo aprendió de sus jefes y de la experiencia diaria. “Con los años se aprende de todo”, afirma. También destaca que la tecnología automotriz cambia constantemente, lo que obliga a capacitarse de manera permanente. “Hay que aprender sí o sí, y a veces cuesta”, reconoce, en referencia a los avances electrónicos y mecánicos de los vehículos modernos.
Desde hace ocho años comparte el trabajo con su hijo, dando continuidad a la tradición familiar. Confiesa que, aunque repara todo tipo de vehículos, siente una preferencia especial por las camionetas.
A lo largo de su vida laboral, Julio trabajó jornadas extensas de entre 15 y 16 horas diarias. Entre las consultas más frecuentes que recibe en el taller se encuentran las revisiones generales antes de un viaje: control de aceite, cambio de filtros, verificación del agua y chequeos preventivos. “Siempre me tomo el trabajo de mirar todo por arriba para asegurarme de que esté en óptimas condiciones”, explica.
Para Julio Pistoleso, el taller no es solo un lugar de trabajo, sino su pasión. “No me imagino la vida sin el taller”, asegura, reflejando el amor por una profesión que lo acompañó durante más de medio siglo.