El Consejo Escolar de Bragado inauguró su sede propia después de décadas de espera
La inauguración de la nueva sede del Consejo Escolar de Bragado abrió también una puerta hacia la memoria. Mercedes Puricelli, primera consejera escolar del distrito tras el regreso de la democracia en 1983, recuperó parte de aquella experiencia y puso el acento en una institución cuyo trabajo, muchas veces silencioso, resulta indispensable para sostener el funcionamiento cotidiano de las escuelas.
Puricelli recordó una época marcada por la recuperación democrática y por la necesidad de reconstruir instituciones. Desde aquel lugar, señaló la importancia que adquirió el Consejo Escolar como nexo entre las necesidades concretas de cada establecimiento y las respuestas del Estado. Una tarea que excede lo administrativo y que alcanza cuestiones esenciales para garantizar las condiciones en las que docentes y estudiantes transitan la escuela pública.
La flamante casa de Pellegrini 1969 representa, en ese sentido, mucho más que un nuevo domicilio. Después de décadas sin contar con un edificio propio, el organismo dispone de un espacio definitivo desde el cual centralizar su actividad y atender a la comunidad educativa. Para Puricelli, que participó del acto inaugural y acompañó distintas etapas de esa historia, la concreción tuvo además una inevitable carga emotiva.
Su testimonio dejó una mirada que une pasado y presente: detrás de cada obra, trámite o respuesta ante una urgencia existe una estructura destinada a sostener a las escuelas. La sede propia aparece así como la materialización de un recorrido colectivo y, al mismo tiempo, como un punto de partida. Una casa para una institución que, lejos de los primeros planos, forma parte todos los días del engranaje de la educación pública bragadense.