Las pruebas PISA dejaron conclusiones para analizar la educación
Los últimos resultados de las pruebas PISA volvieron a encender las alarmas sobre los aprendizajes de los estudiantes argentinos. En Lectura, el país pasó de los 401 puntos obtenidos en 2022 a 389 en 2025, mientras que en Matemática descendió de 378 a 367. La comparación histórica exhibe un problema que se prolonga en el tiempo y que coloca nuevamente en discusión las condiciones en las que se enseña y se aprende.
Luciana Garatte puso el foco en la necesidad de mirar esas cifras dentro de un escenario más amplio. Las evaluaciones permiten establecer tendencias, realizar comparaciones y detectar dificultades, pero no alcanzan por sí solas para explicar la complejidad de un sistema educativo. Detrás de cada promedio aparecen recorridos escolares diversos, desigualdades sociales y realidades institucionales que condicionan los aprendizajes.
Los gráficos también muestran que el deterioro excede a la Argentina. Entre los países de la OCDE, por ejemplo, el promedio en Lectura cayó de 500 puntos en 2000 a 461 en 2025. Sin embargo, la situación local resulta especialmente desafiante porque esa baja encuentra al país partiendo de niveles considerablemente menores y con dificultades que ya podían observarse antes de los últimos retrocesos.
En ese contexto, las pruebas funcionan menos como una sentencia que como una señal de alerta. El desafío pasa por transformar esa información en políticas educativas sostenidas, capaces de acompañar las trayectorias escolares y fortalecer los aprendizajes. Los números describen una parte del problema; comprender qué ocurre dentro y fuera de las aulas es el paso indispensable para empezar a modificarlo.