La historia de la basura: de la “Gran Aldea” a la actualidad
En Buenos Aires, desde sus primeras épocas, la limpieza, la higiene y la sanidad ambiental no fueron cuestiones que preocuparan demasiado a sus habitantes.
Mientras tanto, en Europa, el problema de la basura ya generaba preocupación. Allí, durante el siglo XIX, muchas ciudades habían desarrollado sistemas formales de recolección y disposición de residuos. Ese modelo llegó a América recién avanzado el siglo, donde miles de personas recurrían a la recolección informal como medio de vida, práctica que se conoció como “cirujeo”.
La Buenos Aires de entonces no tenía cloacas: las letrinas y “aguas servidas” se arrojaban a las acequias de las calles, mientras que los desperdicios se tiraban directamente hacia afuera de las viviendas, al estilo del famoso “¡agua va!” europeo, cuando la gente arrojaba orines y excrementos por las ventanas.
El primer vaciadero porteño fue el foso del Fuerte, donde terminaban desperdicios de todo tipo, incluso animales muertos y cadáveres de personas sin sepultura, en su mayoría esclavizados negros.
Ante la dificultad para ordenar a la población, surgieron bandos (edictos) que prohibían ensuciar las calles, multas, y tímidos intentos de instalar servicios de barrido y regado mediante carros aguateros, sin resultados visibles.
En 1803 comenzó el primer servicio formal de limpieza con pequeños carros que llevaban la basura hacia zonas marginales, pero también resultó ineficiente.
En 1856, con la creación de la Municipalidad de Buenos Aires, una de las primeras medidas fue eliminar basurales. Se intentó recurrir a la quema como método principal —una idea hoy impensada— y se privatizó el servicio. Los contratistas, sin embargo, trabajaron de manera deficiente.
La era de “La Quema”
Viajeros de la época mencionan barrios conocidos como “La Quema”, ubicados al sur del actual Parque Patricios, donde familias enteras deambulaban entre basurales buscando alimentos. La ciudad se desdibujaba allí: comenzaban los baldíos y los bañados del Riachuelo.
Con el traslado de la quema a Parque Patricios, el negocio creció. La basura porteña tenía valor: metales, huesos, vidrios, trapos, cartón y papel se reciclaban, generando grandes ganancias para los concesionarios.
En 1872 se calcinaron unas 108.000 toneladas acumuladas en dos años. Las cenizas se usaron para nivelar caminos y terrenos bajos, e incluso para rellenar pantanos en La Boca y Barracas.
En 1873 se inauguró el famoso “tren de la basura”, que transportaba hasta 15 mil toneladas mensuales desde los vaciaderos de Loria y Rivadavia hasta La Quema.
Hacia 1910, la quema se suprimió y se instaló el Horno Provisorio de Nueva Pompeya, en una zona antes rica en flora y fauna autóctona.
En 1977, la Municipalidad de Buenos Aires clausuró los vaciaderos y hornos a cielo abierto y creó el ente autárquico CEAMSE, que implementó el sistema de relleno sanitario y prohibió el cirujeo.
NUESTRA ANTIGUA HISTORIA DE VERTEDEROS
En Bragado, el primer basural conocido estuvo detrás del actual Colegio Nacional, llegando hasta el “Sancto Mamotreto” diseñado por el exintendente San Pedro.
El diseño primario del pueblo tuvo un gran error: zonas inundables y basural casi en la puerta del centro cívico.
El primer cementerio estuvo frente a la actual Plaza San Martín, donde hoy funciona un hotel. Según relatos de la época, las vizcachas llegaban a “terminar de deglutir” los restos. Otro cementerio funcionó donde hoy está la Galería Centenario, como ocurría en muchos pueblos de campaña: los “notables” se enterraban allí o junto a la iglesia; los pobres, en los bajos.
La recolección de residuos se hacía con carrozas, y los vecinos sacaban principalmente residuos no orgánicos. Las sobras se destinaban a gallineros —a cambio de algunos huevos— o para alimentar cerdos. Las quejas eran habituales: los recolectores arrojaban los tachos con fuerza y los terminaban rompiendo.
Finalmente, el basural cercano al centro se trasladó al sitio donde aún hoy se ubica.
BRAGADO Y “SU” BASURA
La recolección domiciliaria no ha cambiado demasiado, salvo por la modernización del transporte. Sin embargo, los recolectores siguen hurgando entre las bolsas, exponiéndose a cortes y contaminantes.
Con el crecimiento poblacional y el aumento de envases (hoy mayormente plásticos), los vertederos debieron ampliarse. Basta recordar que en los años 60 la leche se vendía desde el tarro del lechero, la yerba se fraccionaba en el momento y casi nada venía embalado.
ADELANTADOS EN HISPANOAMÉRICA: EL CASO LAPRIDA
Laprida, pequeña ciudad bonaerense de menos de 10 mil habitantes, fue pionera en Argentina y Latinoamérica al construir su Planta de Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos hace más de 30 años.
Su ejemplo inspiró a ciudades de distintos tamaños.
Trenque Lauquén, en la gestión Barrachia, replicó el modelo.
En Bragado, el intendente Orlando Costa —tras visitar Alemania y aprender sobre reciclaje— diseñó junto al Ing. Goldar la planta ECOBRAG, inaugurada el 10 de octubre de 2001.
ECOBRAG contaba con una estructura integral:
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planta de separación
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acopio de materiales
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horno pirolítico para residuos patogénicos
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molienda de orgánicos
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canchas de compostaje
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vivero, galpones, pañoles y área de maquinaria
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planta depuradora de lixiviados
Funcionó hasta diciembre de 2007, con grandes logros:
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40.000 toneladas de residuos tratadas
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800 toneladas de humus producidas
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7.500 kg de pilas confinadas
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11.000 árboles plantados
EL RETROCESO
La gestión de Aldo San Pedro (2007–2015) trasladó solo una parte mínima del sistema al antiguo basural.
Vicente Gatica (2015–2023) continuó con una versión reducida.
La actual gestión de Sergio Barenghi sigue el mismo esquema, aunque recibe críticas como sus antecesores.
ECOBRAG no se trasladó completamente: en su lugar se construyó una estructura parcial en el predio del viejo basural. Allí se depositan 25 toneladas diarias de residuos sin tratamiento integral, contaminando suelo, agua y aire.
La nueva planta tiene capacidad para 60.000 habitantes, pero sólo procesa papel y cartón de supermercados.
OTROS MODELOS EXITOSOS
En Camilo Aldao, cada 7 de mayo se abre un Paseo Sustentable dentro de su planta de reciclado —activa hace más de 25 años— donde se procesan:
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residuos secos
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residuos húmedos
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compostaje
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reutilización de inorgánicos
La localidad integra la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático, referencia nacional en políticas ambientales.
LA ACTITUD POCO COLABORATIVA DE LOS VECINOS
En Bragado fue habitual que algunos vecinos hicieran “paseos” dominicales para arrojar basura en baldíos o banquinas.
La zona del Aeroclub y la calle Hermanos Islas fueron focos históricos.
Ni las multas ni los “capachos” —acertada medida— lograron frenar estas prácticas.
Videos en redes muestran aún hoy a vecinos arrojando bolsas desde los autos.
CADA VEZ MENOS BASURALES A CIELO ABIERTO EN LA PROVINCIA
Doce municipios bonaerenses ya están trabajando en el cierre de basurales a cielo abierto y su saneamiento. Durante los gobiernos de Mauricio Macri y Alberto Fernández se realizaron saneamientos importantes.
Se espera que Bragado se sume, ya que el vertedero actual contamina napas y genera humaredas diarias, denunciadas por los vecinos.
El pedido principal es claro: alambrado perimetral y seguridad para evitar el cirujeo que provoca incendios.
Por Jorge Cagliani, periodista y escritor bragadense.