2026-02-06

De vivir en Italia y Estados Unidos a elegir la tranquilidad de Bragado: la historia del fotógrafo Pablo de Loy

Nacido en Uruguay, pasó su adolescencia en Europa y vivió dos décadas en Norteamérica, pero decidió radicarse en nuestra ciudad buscando calidad de vida afectiva para su familia. En esta entrevista, repasa su recorrido como inmigrante, su pasión por la fotografía y por qué prefiere el calor humano de los bragadenses antes que el "sueño americano".

Pablo de Loy se define como un hombre que vivió más tiempo en el exterior que en su propio país, aunque en Argentina no se siente un inmigrante. Su periplo comenzó a los 14 años cuando se mudó a Italia, donde su madre cumplía funciones diplomáticas; allí completó sus estudios universitarios y aprendió el idioma. Tras un regreso a Uruguay, la crisis del 2000 lo empujó a emigrar nuevamente, esta vez a Estados Unidos. Se instaló en Virginia, cerca de Washington D.C., donde residió durante casi 20 años. Fue allí donde conoció a su actual esposa, oriunda de Gualeguaychú, con quien formó una familia y tuvo a sus dos hijos, Santiago y José.

Su vínculo con la fotografía, profesión por la que es conocido en la ciudad, data de los años 80, cuando recibió su primera cámara de regalo. Perfeccionó su técnica en laboratorios en Italia y luego abrazó la era digital en Estados Unidos, fundando su propio estudio en 2008. "Es un cable a tierra, no siento que sea un trabajo", confesó sobre su oficio. Sus lentes han capturado desde paisajes uruguayos hasta rincones de Bragado, ciudad a la que llegó hace siete años y que adoptó como propia.

A pesar de las oportunidades materiales que ofrece Estados Unidos, de Loy asegura no extrañar "para nada" la vida en el norte, a la que describió como culturalmente fría y difícil para entablar amistades profundas. "Allá tenés mejor auto y teléfono, pero acá mis hijos son felices, están contenidos por la familia y tienen amigos", reflexionó, valorando la calidad de vida humana y social que encontró en Bragado. A punto de cumplir 53 años y tras haber logrado comprar su casa propia recientemente, Pablo confirma que su lugar en el mundo está aquí: "Me van a tener acá un buen rato", concluyó.

Te puede interesar