Empezar de cero en otra tierra: la historia de Salvador “El Malagueño” González
Huyó de la pobreza que dejó la guerra y encontró en la Argentina una oportunidad. El relato de un migrante que aprendió a ganarse la vida con trabajo y esfuerzo.
Salvador González llegó a la Argentina en 1958, cuando tenía 25 años. Venía desde España, un país devastado por la guerra y la pobreza, en busca de un futuro mejor. “Había viejos y muchachitos, a los demás los habían matado”, recordó al describir la dura realidad que se vivía en su tierra natal tras el conflicto.
Salvador contó que tomó la decisión de emigrar luego de comunicarse con un hermano y una hermana que ya vivían en la Argentina. Al pisar suelo argentino, viajó directamente a Bragado, lugar que con el tiempo se convertiría en su hogar.
Los comienzos no fueron fáciles. “Los primeros años fueron bravos porque no conocés ni te conoce nadie”, relató. Con esfuerzo y perseverancia, se fue rebuscando la vida a través de distintos trabajos, aprendiendo de cada experiencia y aprovechando los saberes que traía de su familia.
Entre esos recuerdos, destacó una anécdota especial: inspirado en su padre, que hacía canastos, intentó repetir el oficio. “Tres veces hice el canasto… y la tercera me salió precioso”, contó con orgullo. El trabajo gustó tanto que la mujer que se lo había encargado le pidió otro igual para su hija.
Salvador llegó al país con muy pocas pertenencias: “Una camisa, un pantalón, una chaqueta, un par de botas y cinco pesos que me habían sobrado y usé para comprarme unas medias. Fue con lo único que vine”, recordó.
A lo largo de los años, logró salir adelante y construir su vida en la Argentina, aunque nunca perdió el vínculo con su país de origen, ya que regresó a España de visita en tres oportunidades.
La historia de Salvador “El Malagueño” González es la de tantos migrantes que llegaron al país con poco más que esperanza, trabajo y la firme decisión de empezar de cero en otra tierra.
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