Desafío en aguas abiertas: Camila Ochoa hizo historia en el cruce de la laguna
La nadadora Camila Ochoa, alumna del profesor Cristian Quesada, participó por primera vez en una competencia de aguas abiertas en Junín. Fue la primera atleta con baja visión en sumarse a la prueba, en una experiencia que combinó superación personal, inclusión y el acompañamiento fundamental de la familia
El fin de semana se llevaron a cabo en la laguna de Junín las tradicionales carreras de aguas abiertas conocidas como “Cruce Chico” y “Cruce Grande”, pruebas que convocan a nadadores de distintas ciudades y que representan un verdadero desafío fuera del ámbito habitual de la pileta climatizada.
Hasta allí viajó una delegación de nadadores de Bragado acompañados por el profesor Cristian Quesada, quien impulsa una escuelita de natación no competitiva en el club local. La propuesta, según explicó, nació como un incentivo: “Siempre fue un desafío poner una zanahoria adelante de ellos para que sigan en la práctica. Esto era algo importante, porque están acostumbrados a la pileta, al agua caliente, a los andariveles. Acá era enfrentarse a la inmensidad de la laguna”.
En ese contexto, Camila Ochoa se animó a dar un paso más. Acostumbrada a entrenar en pileta, participó de los 400 metros en aguas abiertas, en una prueba de carácter participativo donde todos los nadadores recibieron su reconocimiento. Luego, tras el almuerzo compartido en familia, volvió a meterse al agua junto a su profesor para completar otros 600 metros.
Para Camila, el cambio fue significativo: “En la pileta tengo las sogas y los andariveles para orientarme. Acá no los tenía, tenía que concentrarme en el movimiento del agua y en mantener la dirección”. La experiencia implicó no sólo un desafío físico, sino también de adaptación y confianza.
Desde la organización destacaron que no tenían registro previo de participación de atletas con baja visión en este tipo de competencias, por lo que Camila se convirtió en la primera en sumarse a la prueba en esas condiciones. “Para nosotros también fue aprender sobre la marcha”, señaló Quesada, remarcando el trabajo en equipo entre profe y alumna.
El clima acompañó y la jornada se vivió en un marco familiar. Cinco autos viajaron desde Bragado para acompañar a los nadadores, un gesto que el profesor quiso subrayar: “La familia es la que hace que las cosas pasen. Siempre vamos a proponer desafíos para fortalecer”.
La experiencia dejó una puerta abierta. Camila aseguró que volvería a hacerlo y que, con el correr de los metros, logró disfrutar y sentir el agua de una manera diferente. Una muestra de que el deporte, más allá de la competencia, es también inclusión, superación y comunidad
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